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Se cumplirá un año del accidente aéreo del Chapecoense, el mundo aún llora la tragedia

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‘La peor final’, ‘Hacia la eternidad’, ‘Vuelo fatídico’, ‘Tragedia’ y ‘Hasta siempre campeones’, fueron algunos de los titulares de los principales diarios del mundo, que hablaron de la tragedia que aún llora el fútbol.

El vuelo 2933 de la boliviana LaMia salió el 28 de noviembre de 2016 de Santa Cruz de la Sierra, adonde llegó la delegación del Chapecoense en otro avión que partió del aeropuerto Guarulhos de Sao Paulo.

La cita del equipo brasileño era con Atlético Nacional, en Medellín, para jugar la final de la Copa Suramericana el miércoles 30 de noviembre, en el Atanasio Girardot.

Sin embargo, el equipo nunca llegó a su destino. Las alarmas se activaron al interior de la aeronave por la falta de combustible. Los motores se fueron apagando y el avión, un Avro RJ85, perdió su rumbo, terminando estrellado contra cerro Gordo, en el municipio de La Unión, siendo ese uno de los últimos obstáculos antes de llegar a la pista del aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

A 230 kilómetros por hora y a 17 kilómetros de su destino, cuando el reloj marcaba las 9:58 de la noche de ese 28 de noviembre del 2016, la cola del avión que volaba sin reactores, impactó en la montaña, produciéndose la tragedia que el mundo aún llora.

“Nunca nos dijeron que había problemas en el avión. Después se presentó una triste tragedia. Uno nunca está preparado para una situación así. Por mucho que a uno como azafata lo entrenen para ello, cuando se presenta una situación de esas uno no sabe cómo reaccionar”, dice la boliviana Ximena Suárez, auxiliar de vuelo y sobreviviente del fatídico viaje.

El balance fue altamente doloroso: de las 77 personas que viajaban entre tripulación, periodistas y delegación deportiva, 71 murieron y solo seis se salvaron milagrosamente.

“Nosotros estábamos en la casa y escuchamos el paso de un avión; al momento sentimos una fuerte explosión y salimos a ver qué sucedía. Caminamos un buen rato y después nos encontramos con una escena muy triste porque se veían los restos del avión por todos lados y los cuerpos de mucha gente, mientras otros pedían ayuda”, recuerda el niño Johan Ramírez, quien vive cerca de la zona y al que llamaron luego ‘el héroe de Chapecoense’, por ser el primero en llegar al sitio de la tragedia.

“Fue muy rápido. Recuerdo que desperté antes de que me rescataran. Abrí los ojos, estaba muy oscuro y muy frío. Gritaba ‘socorro, no quiero morir’. Algunos de los amigos, que todavía estaban vivos, también gritaban”, recordó días después Jackson Follmann, arquero de Chapecoense, quien sobrevivió a la tragedia.

“Nosotros esperábamos la llegada de Chapecoense, estábamos en la concentración, cuando alguien nos avisó de que algo había ocurrido; después confirmamos lo peor. Es muy triste porque se trataba de personas humanas y de muchachos que venían por un objetivo”, señaló Reinaldo Rueda, técnico de Nacional, al día siguiente de la tragedia.

Una cadena de errores

En Colombia, Brasil y Bolivia, los países inmersos en el accidente, adelantaron las investigaciones del caso para dar con las causas de la tragedia, concluyendo que hubo una serie de errores desde antes de iniciarse el vuelo.

La Fiscalía de Santa Catarina, estado donde está Chapecoense en Brasil, confirmó que el avión no era de las personas que aparecían en el contrato (entre ellos el piloto Miguel Quiroga, quien comandaba la aeronave), y que los 140 mil dólares que se pagaron por el viaje entre Santa Cruz y Medellín, lo recibió la venezolana Loredana Albacete en una cuenta en Hong Kong.

También se aseguró que el avión salió de Santa Cruz sin los permisos pertinentes. “Celia Castedo, funcionaria del aeropuerto en Santa Cruz, incumplió sus deberes al autorizar un vuelo sin las condiciones necesarias”, dijo Milton Claros, ministro boliviano, después de una primera investigación.

Sin embargo, Castedo se defendió al asegurar que siempre se negó a dar el visto bueno “porque me plantearon un vuelo directo entre Santa Cruz y Medellín, lo que era imposible ya que se trataba de un avión que no tenía mucha capacidad de combustible para ese trayecto”.

Precisamente la falta de combustible fue la que propició el accidente. El avión debió abastecerse en Bogotá, pero no lo hizo y eso se pagó muy caro.

“Sin motores no hay electricidad en el avión y sin combustible tampoco funcionan las baterías de seguridad que permiten que dos o tres instrumentos básicos, como las luces de emergencia, se activen”, dijo Freddy Bonilla, jefe de Seguridad Aérea de Colombia.

A un año del accidente, las investigaciones siguen su curso y los homenajes en memoria de las 71 personas fallecidas continúan, especialmente en Brasil.

En medio de tanto dolor, de muchas oraciones y de buscar las causas del accidente, la pregunta sigue siendo la misma: ¿Por qué no se pudo evitar una tragedia que todavía golpea al fútbol?

La respuesta aún no aparece. Por lo pronto, como tituló un diario en su momento en memoria de aquellos héroes fallecidos: ¡Hasta siempre, campeones!

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